Como siempre, las descripciones generales son absolutamente infalibles. Así como son absolutamente contrarias a lo que me sucede a mí.
Recién uno valora lo que tuvo cuando ya no lo tiene. Para confirmar lo contradictorio del ser humano y también su increíble imbecilidad, el que se da cuenta lo que tuvo, precisamente porque lo perdió, ya lo da por perdido; y sigue con su desperdiciada vida sin que se le cruce por su humanidad el intento de recuperación o, mucho más humano, resignificación de lo perdido.
Imbécil.
Cada año, para una determinada fecha, él se acordaba de mí. Mas este año no se acordó.
Imbécil.
Ante el cuadro de descripción de lo general, la opción contradictoria es la que marca con seguridad mi vivencia.
Si tu discernimiento acusa: "se olvidó", lo seguro es que yo siento más que nunca aquello que voluntaria o involuntariamente niego.
Para el discernidor apresurado, no estoy hablando únicamente de cuestiones de las últimas semanas.
El discernidor prudente sabe de mi patada trascendental y mi acierto universal.
Duras son estas palabras, ¿Quién puede oírlas? ¡Son tan pocos! Pero avanzamos sembrando por la noche, profetas pobres, pero confiados en que Tú nos usas como humildes herramientas.
Sören se desdobló, precisamente para fortalecer y unificar a Sören.
El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. Aunque legiones de ángeles estén a su lado. La soledad del que ama realmente es absolutamente inimaginable.
domingo, 15 de mayo de 2011
viernes, 22 de abril de 2011
Hoy es viernes
En una desinhibida velada un santo incomprendido, solitario luchador, crucificado pesadamente, dejo escapar una pregunta sobre la entidad del tuétano.
Sin contaminar mi expresión con la definición de tal palabra que, para bien de estas líneas, nunca he leído, me animo a esbozar lo que quiere significar.
Otro santo en estos días recurrió a mí para apoyarse en una cuestión sobre el amor al prójimo quizá más elevado, creyéndose él ser muy malo por lo que le acusaban sus sentimientos.
Un muchacho, hace dos mil años, decidió ahorcarse por una cuestión existencial de este tipo. Otro, más pior que el recién mencionado, lloró amargamente cuando escuchó el nunca imaginado canto del gallo.
Santo varón más admirado que muchos, san Pedro, quizá el peor de los discípulos, humanamente hablando, se cargó en sus espaldas la Iglesia que mató a Jesucristo. ¡Cómo se conocería ese varón! ¡Qué consciencia de sí tendría! ¡¡¡Y qué humildad, por Dios!!! Sabiéndose lo que era, volvió después de su traición y aceptó todo lo que Jesús le dio. Nadie que tuviera un mínimo de orgullo lo podría haber hecho. Judas fue más sensato, más humano, humanamente hablando. Lo lógico fue lo que hizo Judas. ¡Entregó a Dios! ¡¿Qué perdón podía esperar?! El perdón de Cristo. Que ya lo tenía. Lo ridículo es que a Pedro se le encomendara lo que se le encomendó.
Puedo ayunar, puedo ser “el” apóstol que atraiga las almas al Salvador en esta semana Santa.
Puedo ser lógico y congruente y quitarme la vida, o encerrarme a morir de la depresión que merezco más que nadie.
O puedo recibir la mayor de las gracias y llorar amargamente. Escuchar ese gallo anunciado que nunca imaginé que podría cantar, y llorar amargamente. Mas no depende de mí ésto último. Quiera Dios me sea regalado.
Aún confesado y perdonado, esta vez no me presentaré ante la Cruz del Amado limpio y sin mancha, sino cubierto de mi lacra, avergonzado, aunque cada vez menos, por mi debilidad, de la cual soy responsable en mucho grado, pero que está ahí para hacerme parecido a Pedro, consciente de mi indignidad, de mi incapacidad, de mi maldad, de mi fealdad, todas mías, pero humillado con una sonrisa y las mejillas mojadas, con los mocos colgando y en aquél sentimiento inexplicable de un descontrol afectivo-emocional que es muestra de que cedí mi propio manejo a Aquél que no deja de llamarme con Amor. Seré criticado. No soportaré mi propio pecado. Pero esa será mi ofrenda. La más sincera. Bien contradictoria, para mortificar mi traicionera razón. Y no esquivaré la Eucaristía sino que llorando por la imposibilidad de corresponder al Amor, la tomaré en mis manos y me fundiré en Dios.
Sin contaminar mi expresión con la definición de tal palabra que, para bien de estas líneas, nunca he leído, me animo a esbozar lo que quiere significar.
Otro santo en estos días recurrió a mí para apoyarse en una cuestión sobre el amor al prójimo quizá más elevado, creyéndose él ser muy malo por lo que le acusaban sus sentimientos.
Un muchacho, hace dos mil años, decidió ahorcarse por una cuestión existencial de este tipo. Otro, más pior que el recién mencionado, lloró amargamente cuando escuchó el nunca imaginado canto del gallo.
Santo varón más admirado que muchos, san Pedro, quizá el peor de los discípulos, humanamente hablando, se cargó en sus espaldas la Iglesia que mató a Jesucristo. ¡Cómo se conocería ese varón! ¡Qué consciencia de sí tendría! ¡¡¡Y qué humildad, por Dios!!! Sabiéndose lo que era, volvió después de su traición y aceptó todo lo que Jesús le dio. Nadie que tuviera un mínimo de orgullo lo podría haber hecho. Judas fue más sensato, más humano, humanamente hablando. Lo lógico fue lo que hizo Judas. ¡Entregó a Dios! ¡¿Qué perdón podía esperar?! El perdón de Cristo. Que ya lo tenía. Lo ridículo es que a Pedro se le encomendara lo que se le encomendó.
Puedo ayunar, puedo ser “el” apóstol que atraiga las almas al Salvador en esta semana Santa.
Puedo ser lógico y congruente y quitarme la vida, o encerrarme a morir de la depresión que merezco más que nadie.
O puedo recibir la mayor de las gracias y llorar amargamente. Escuchar ese gallo anunciado que nunca imaginé que podría cantar, y llorar amargamente. Mas no depende de mí ésto último. Quiera Dios me sea regalado.
Aún confesado y perdonado, esta vez no me presentaré ante la Cruz del Amado limpio y sin mancha, sino cubierto de mi lacra, avergonzado, aunque cada vez menos, por mi debilidad, de la cual soy responsable en mucho grado, pero que está ahí para hacerme parecido a Pedro, consciente de mi indignidad, de mi incapacidad, de mi maldad, de mi fealdad, todas mías, pero humillado con una sonrisa y las mejillas mojadas, con los mocos colgando y en aquél sentimiento inexplicable de un descontrol afectivo-emocional que es muestra de que cedí mi propio manejo a Aquél que no deja de llamarme con Amor. Seré criticado. No soportaré mi propio pecado. Pero esa será mi ofrenda. La más sincera. Bien contradictoria, para mortificar mi traicionera razón. Y no esquivaré la Eucaristía sino que llorando por la imposibilidad de corresponder al Amor, la tomaré en mis manos y me fundiré en Dios.
domingo, 10 de abril de 2011
In-filtro
Pasó como siempre pasa. Una cosa está destinada a tal fin, y se desvirtúa por lo que los católicos bien llaman "pecado original" (preguntar a San Agustín) hasta des-esenciarse prácticamente.
En lo puro se infiltra lo que hace las cosas impuras.
Lo ahora impuro se comunica también por e-manación.
Si tu dedo es ocasión próxima de pecado, ya sabés que hacer con él.
Hoy se hace un re-greso a vuelo rasante. Regreso que se espera no sea tal.
Si todavía hay un rey quizá Dios aún no sea Dios. Y la vida del rey se realiza únicamente en el reconocimiento divino cortesano, en todas las acepciones implícitas y explícitas.
No hay gran poesía, ni gran filosofía. Sólo la gran disminución, porque si digo "muerte" siempre hay quien confunde.
Quizá tenga que llegar el momento en que la bella pida mi cabeza en una bandeja. Yo sé que ese día llegó hace rato, lo que me sorprende es que aún la sostengo sobre mis hombros.
Demos gracias a Dios.
En lo puro se infiltra lo que hace las cosas impuras.
Lo ahora impuro se comunica también por e-manación.
Si tu dedo es ocasión próxima de pecado, ya sabés que hacer con él.
Hoy se hace un re-greso a vuelo rasante. Regreso que se espera no sea tal.
Si todavía hay un rey quizá Dios aún no sea Dios. Y la vida del rey se realiza únicamente en el reconocimiento divino cortesano, en todas las acepciones implícitas y explícitas.
No hay gran poesía, ni gran filosofía. Sólo la gran disminución, porque si digo "muerte" siempre hay quien confunde.
Quizá tenga que llegar el momento en que la bella pida mi cabeza en una bandeja. Yo sé que ese día llegó hace rato, lo que me sorprende es que aún la sostengo sobre mis hombros.
Demos gracias a Dios.
miércoles, 9 de marzo de 2011
lunes, 14 de febrero de 2011
Es Amor
No me animo a decir también que no es soberbia, pero sí es seguro que es Amor.
Si el grano de trigo no muere...
El que ama a su padre y a su madre...
Descendió a los infiernos...
Sígueme.
No es soberbia, es Amor.
Si el grano de trigo no muere...
El que ama a su padre y a su madre...
Descendió a los infiernos...
Sígueme.
No es soberbia, es Amor.
viernes, 21 de enero de 2011
A3
En "A3" escribiría una poesía de amor de los cielos más altos.
Pero no puedo hacerlo. Aún no encontré la manera de expresar esto.
La música se agota, las artes plásticas son insuficientes, las letras sólo dirían algo si me las dictara el mismo Dios, todo lo expresado con el cuerpo puede arrimarse, mas no es fácil encontrar quien a esa altura pueda flamear.
Dejaré "A3" resignado a mi actual incapacidad.
Seguiré padeciendo tal.
Pero no puedo hacerlo. Aún no encontré la manera de expresar esto.
La música se agota, las artes plásticas son insuficientes, las letras sólo dirían algo si me las dictara el mismo Dios, todo lo expresado con el cuerpo puede arrimarse, mas no es fácil encontrar quien a esa altura pueda flamear.
Dejaré "A3" resignado a mi actual incapacidad.
Seguiré padeciendo tal.
A2
Quien dejó casa, padre, madre, hijos, vida, ser, ya superó la promesa divina de cien. Nuestro Señor Jesucristo no deja de pasar papelones cada vez que habla de matemática.
El cien prometido fue un craso error. Ya debe ir por un doscientos. Y lo peor es que se da cuenta; y no dice nada.
La cantidad de mis familias es abundante. La calidad, envidable.
Los veo, me ven, me saludan, me extrañan. Bajaría a amarlos en la plenitud, mas siempre quedo sediento, haga lo que haga, dé lo que dé, manifieste lo que manifieste. No hay forma de calmar esa sed. Y el Único que es capaz de hacerlo, se oculta porque le dá en la divina voluntad.
Como la analogía del infierno que alguna vez hice, así también es el amor cuasi-pleno.
Hoy, como ayer y antes, me vieron, me reconocieron, dejaron su vida para prestarme atención, y mi sola presencia cuasi-colma su necesidad. Pero yo volví a morir, y sigo muriendo por lo mismo. Hubiera querido bajar a amarlos, pero ¿Cómo hacerlo si no hay forma de calmar mi sed? Hacerlo hubiera sido un intento de satisfacer mi sed, colmando a los amados de una manera que hasta podría serles dañina, y escandalizando a los que no son capaces de vislumbrar nada del verdadero amor.
Hubiera querido bajar a amarlos, pero mi Amante me cuelga de la cruz. Tengo sed. Tengo tanta sed. Quizá no esté tan lejos lo que viene. Consumatum est;
El cien prometido fue un craso error. Ya debe ir por un doscientos. Y lo peor es que se da cuenta; y no dice nada.
La cantidad de mis familias es abundante. La calidad, envidable.
Los veo, me ven, me saludan, me extrañan. Bajaría a amarlos en la plenitud, mas siempre quedo sediento, haga lo que haga, dé lo que dé, manifieste lo que manifieste. No hay forma de calmar esa sed. Y el Único que es capaz de hacerlo, se oculta porque le dá en la divina voluntad.
Como la analogía del infierno que alguna vez hice, así también es el amor cuasi-pleno.
Hoy, como ayer y antes, me vieron, me reconocieron, dejaron su vida para prestarme atención, y mi sola presencia cuasi-colma su necesidad. Pero yo volví a morir, y sigo muriendo por lo mismo. Hubiera querido bajar a amarlos, pero ¿Cómo hacerlo si no hay forma de calmar mi sed? Hacerlo hubiera sido un intento de satisfacer mi sed, colmando a los amados de una manera que hasta podría serles dañina, y escandalizando a los que no son capaces de vislumbrar nada del verdadero amor.
Hubiera querido bajar a amarlos, pero mi Amante me cuelga de la cruz. Tengo sed. Tengo tanta sed. Quizá no esté tan lejos lo que viene. Consumatum est;
A1
Escribo. Insisto en que la escritura es un merísimo canal; muy efectivo.
"Un", sugiere "otros".
Quien conoce al escribiente sabe que el escribiente prefiere los otros, mas toma la determinación de no usarlos, aunque usarlos sea lo que más quiere.
"1", sugiere "otros". Veremos si se dan.
Muy cada tanto, muy lamentablemente, por el "muy cada tanto", tenemos la oportunidad de un encuentro en el cual se usan algunos de los otros canales.
El profeta intuiría lo que sería la vida tiempo más tarde, con todos adultos que, siendo más niños, han determinado sus vidas por el favor del Favor.
Pero la realidad, al día de hoy, no permite al que debe morir en pos de la "prudencia" del mundo, más que estos breves y escasos momentos de exposición al uso de los otros canales.
Lo cierto es que cuando algunas miradas se activan el ser se paraliza; el tiempo pasa a ser otro tipo de relatividad, similar a la transformación que sufre, en ese instante, el espacio.
Sé lo intrincado de la cosa, mas se asís.
Creo que sabés que moriría por vivir en plenitud el amor que soy, en la máxima donación de lo que soy capaz, por más de uno/a.
Este "A1" es un lamento porque esto no es más que un "cada tanto", "cada tanto", que es "plenitud", pero "cada tanto".
El mundo no podría seguir siendo si yo pudiera ser.
"Un", sugiere "otros".
Quien conoce al escribiente sabe que el escribiente prefiere los otros, mas toma la determinación de no usarlos, aunque usarlos sea lo que más quiere.
"1", sugiere "otros". Veremos si se dan.
Muy cada tanto, muy lamentablemente, por el "muy cada tanto", tenemos la oportunidad de un encuentro en el cual se usan algunos de los otros canales.
El profeta intuiría lo que sería la vida tiempo más tarde, con todos adultos que, siendo más niños, han determinado sus vidas por el favor del Favor.
Pero la realidad, al día de hoy, no permite al que debe morir en pos de la "prudencia" del mundo, más que estos breves y escasos momentos de exposición al uso de los otros canales.
Lo cierto es que cuando algunas miradas se activan el ser se paraliza; el tiempo pasa a ser otro tipo de relatividad, similar a la transformación que sufre, en ese instante, el espacio.
Sé lo intrincado de la cosa, mas se asís.
Creo que sabés que moriría por vivir en plenitud el amor que soy, en la máxima donación de lo que soy capaz, por más de uno/a.
Este "A1" es un lamento porque esto no es más que un "cada tanto", "cada tanto", que es "plenitud", pero "cada tanto".
El mundo no podría seguir siendo si yo pudiera ser.
domingo, 16 de enero de 2011
Put-e-ando
Hay sí. Ay, sí.
¿Para qué contarte la historia?
Hablan de Jacob, porque no me han visto a mí. El pobre Soret sufrió hasta el último momento a su padre quien puteó a Dios, pero no me había visto a mí.
En aquella misma cima en la que Jesús nazareno vio la entera creación tras el brazo extendido y tentante del demonio, yo vi el Rostro Divino y con la más penetrante de mis miradas, que alguna vez fulminó ser humano, puteé descaradamente a mi Creador.
Mas, ante mi carencia de eterno presente, presente en el Presente, debí repetir el gesto cada día de mi vida.
Tanto que es ahora mi actitud vital.
¿Para qué, Padre, me invitás a quemar mi vida en esto? Vos y yo sabemos cuáles serán los frutos. ¿Por qué querés mi fulminación vital en la proyección de frutos que siempre serán inexistentes?
Me concediste, Padre, ver. Y me permitís escuchar a quienes creen ver, viendo yo, en Vos Pleno, lo Real. Y me sostenés la siniestra cuando quisiera reaccionar con el afán de ser fiel a la Realidad, porque me mostrás, con Tu lágrima, que la justicia y el Amor tienden a repelerse.
Y de alguna manera misteriosa me concedés la particularidad de ir en contra de todo total; sobre todo de mí mismo, para poder, siempre misteriosamente, al fin ser yo que, siendo, dejo de ser para ser Ser.
Habré de putear en lenguas. Puteada que será la más fina declaración de amor.
La soledad de aquella cima, en la cual se encuentra todo presente.
Y me ubicás siempre en lugar preferencial para ver y oír lo más superficial.
Sólo vos sos Vos.
¿Y por qué? ¿Y para qué? Y encima sabés y así me dejás y yo te sigo. Y me mostrás, y veo, y te sigo.
Te seguiré puteando. Seguiré diciendo ¡¡¡AMÉN!!!
¿Para qué contarte la historia?
Hablan de Jacob, porque no me han visto a mí. El pobre Soret sufrió hasta el último momento a su padre quien puteó a Dios, pero no me había visto a mí.
En aquella misma cima en la que Jesús nazareno vio la entera creación tras el brazo extendido y tentante del demonio, yo vi el Rostro Divino y con la más penetrante de mis miradas, que alguna vez fulminó ser humano, puteé descaradamente a mi Creador.
Mas, ante mi carencia de eterno presente, presente en el Presente, debí repetir el gesto cada día de mi vida.
Tanto que es ahora mi actitud vital.
¿Para qué, Padre, me invitás a quemar mi vida en esto? Vos y yo sabemos cuáles serán los frutos. ¿Por qué querés mi fulminación vital en la proyección de frutos que siempre serán inexistentes?
Me concediste, Padre, ver. Y me permitís escuchar a quienes creen ver, viendo yo, en Vos Pleno, lo Real. Y me sostenés la siniestra cuando quisiera reaccionar con el afán de ser fiel a la Realidad, porque me mostrás, con Tu lágrima, que la justicia y el Amor tienden a repelerse.
Y de alguna manera misteriosa me concedés la particularidad de ir en contra de todo total; sobre todo de mí mismo, para poder, siempre misteriosamente, al fin ser yo que, siendo, dejo de ser para ser Ser.
Habré de putear en lenguas. Puteada que será la más fina declaración de amor.
La soledad de aquella cima, en la cual se encuentra todo presente.
Y me ubicás siempre en lugar preferencial para ver y oír lo más superficial.
Sólo vos sos Vos.
¿Y por qué? ¿Y para qué? Y encima sabés y así me dejás y yo te sigo. Y me mostrás, y veo, y te sigo.
Te seguiré puteando. Seguiré diciendo ¡¡¡AMÉN!!!
martes, 28 de diciembre de 2010
Magnánimo
¿Quién dijo que el tamaño no importa?
¿Quién dijo que el alma tiene tamaño?
El Padre, en su Amor, engendra al Hijo, y en esa dinámica de Amor es el mismo Amor, Espíritu Santo. Un Solo Dios.
No es cuestión de tamaño, ni de lógica. Es cuestión de Amor.
El hombre, en su historia, es una simple gran complejidad.
A algún mortal se le puede ocurrir bucear en esa historia simple compleja que es también una dinámica de amor.
A alguno más, se le puede ocurrir ir registrando algunas cosas durante su recorrido.
Cuanto más seria es la investigación, más son los instrumentos que se emplean en la misma. Habrá que escribir, grabar, dibujar, medir, crear hipótesis.
Toda alma es grande, y más grande cuanto más simple.
La vida es riesgo.
El sólo buceo en sí mismo no hace más que aislar al hombre. No puede emprenderse una travesía semejante si al mismo tiempo no se ha emprendido la aparentemente opuesta del ex-tasis. Éxtasis que, llegará a ser místico, mas no sin antes ser yoico.
Se arma una triple travesía también aparentemente contradictoria en la que la persona bucea en su interior histórico y absolutamente presente a la vez que sale violéntamente de sí mismo para darse plenamente al otro concreto y palpable, con el que corre el riesgo total de su vida en cada instante y, en esta combinación se clava en el interior de la Santísima Trinidad, Única Fuente Movilizadora para el viaje y Fin Absoluto del mismo.
Absolutamente extasiado se sale para entrar a lo más profundo y siempre en todo el recorrido, mas especialmente llegando al final, se funde en Donde finalmente y realmente se es.
Alguno puede querer pensarlo, además de vivirlo, y tomar un registro del viaje.
Para mí no tiene sentido hacerlo, pero igual algunas notas tomo. Es por mi indecisión. Quizá sea de Dios.
¿Quién dijo que el alma tiene tamaño?
El Padre, en su Amor, engendra al Hijo, y en esa dinámica de Amor es el mismo Amor, Espíritu Santo. Un Solo Dios.
No es cuestión de tamaño, ni de lógica. Es cuestión de Amor.
El hombre, en su historia, es una simple gran complejidad.
A algún mortal se le puede ocurrir bucear en esa historia simple compleja que es también una dinámica de amor.
A alguno más, se le puede ocurrir ir registrando algunas cosas durante su recorrido.
Cuanto más seria es la investigación, más son los instrumentos que se emplean en la misma. Habrá que escribir, grabar, dibujar, medir, crear hipótesis.
Toda alma es grande, y más grande cuanto más simple.
La vida es riesgo.
El sólo buceo en sí mismo no hace más que aislar al hombre. No puede emprenderse una travesía semejante si al mismo tiempo no se ha emprendido la aparentemente opuesta del ex-tasis. Éxtasis que, llegará a ser místico, mas no sin antes ser yoico.
Se arma una triple travesía también aparentemente contradictoria en la que la persona bucea en su interior histórico y absolutamente presente a la vez que sale violéntamente de sí mismo para darse plenamente al otro concreto y palpable, con el que corre el riesgo total de su vida en cada instante y, en esta combinación se clava en el interior de la Santísima Trinidad, Única Fuente Movilizadora para el viaje y Fin Absoluto del mismo.
Absolutamente extasiado se sale para entrar a lo más profundo y siempre en todo el recorrido, mas especialmente llegando al final, se funde en Donde finalmente y realmente se es.
Alguno puede querer pensarlo, además de vivirlo, y tomar un registro del viaje.
Para mí no tiene sentido hacerlo, pero igual algunas notas tomo. Es por mi indecisión. Quizá sea de Dios.
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