viernes, 24 de septiembre de 2010

PLF

E paséase entre el plagio y la literatura, entre la copia obligada mas nunca querida y el imperioso empuje inmanente del vómito.
Y escribe.
Y se caga en las frases cortas, así también como en las largas. Como aquí, como allá.
Y, necesitando todo el tiempo del mundo para ser fiel, infiel escribe contra reloj.
Y queriendo huir, debe permanecer; y queriendo permanecer, debe huir.
El día es hoy, la hora, ya.
El soy yo.
Vos sos yo.
Aunque yo hablara todas las lenguas... Las hablo. Las digo. Ellas son por mí porque yo las soy.
¡Pobre del que cree que sabe! ¡Pobre del infeliz que cree que controla! ¡Pobre de ese esclavo! Y sabés que sos vos.
Triste pero real. Real mas no definitivo. Pobre del que define. Pobre del imbécil que no sabe, no puede, no quiere cambiar. El debe, el debe debe ser deglutido por cualquiera de los dos orificios. El debe es tu condena. El debe es la soga en tu cuello. Pobre del que nunca tuvo el debe. Pobre del que es debe.
Hagamos lo correcto. Mala decisión.
"Hagámoslo" es la expresión. O quizá "seamos".
La prudencia, la paciencia; grandes virtudes. Pero en un cierto estadio.

SSsoret

Copio y pego, más bien escribo, o quizá reproduzco lo que escribí hace casi doscientos años.

"Examinemos un poco más de cerca la miseria y la angustia que contiene la paradoja de la fe. El héroe trágico renuncia a sí mismo para expresar lo general; el caballero de la fe renuncia a lo general para convertirse en Individuo. Ya lo he dicho, todo depende de la actitud que se adopte. Si se cree relativamente fácil ser Individuo, puede tenerse la certeza de que no se es caballero de la fe; porque los pájaros en libertad y los genios vagabundos no son los hombres de la fe. Por el contrario, el caballero de la fe sabe que es magnífico pertenecer a lo general. Sabe que es hermoso y benéfico ser el Individuo que se traduce en lo general y que, por así decirlo, da de sí mismo una edición pura, elegante, lo más correcta posible, inteligible a todos; sabe lo reconfortante que es hacerse comprensible a sí mismo en lo general de manera que comprenda esto y que todo Individuo que lo comprenda comprende también lo general, hallando los dos su alegría en la seguridad que da este plano. Sabe cuán bello es haber nacido como Individuo cuya patria es lo general, su vivienda amiga siempre dispuesta a recibirlo cuando quiera habitarla. Pero sabe al mismo tiempo que por encima de ese dominio serpentea un camino solitario, estrecho y escarpado; sabe cuán terrible es haber nacido solitario fuera de lo general y caminar sin hallar un solo compañero de ruta. Sabe perfectamente dónde se encuentra y cómo se comporta con respecto a los hombres. Para ello, él está loco, y no puede hacerse comprender por nadie. Y sin embargo, loco es lo menos que decirse puede. Si no se le mira desde este ángulo, entonces es un hipócrita y tanto más cruelmente cuanto más alto ha trepado por el sendero.
El caballero de la fe sabe qué entusiasmo da la renunciación por la cual se sacrifica para lo general y qué valor es necesario para eso; pero sabe también que hay en esta conducta una seguridad que se obtiene obrando para lo general; sabe que es magnífico ser comprendido por toda alma noble y de tal manera que quien lo considere se ennoblece a su vez. Sabe todo eso y se siente como atado; anhelaría que esa tarea fuera la suya. Abraham habría podido así desear que su papel hubiese sido amar a Isaac: como conviene a un padre, con un amor inteligible a todos, por siempre inolvidable; podría desear que su tarea consistiese en sacrificar a Isaac por el interés general, despertando en los padres el entusiasmo de las hazañas gloriosas; y se sentía casi espantado pensando que esos deseos no son sino crisis y como tales deben ser tratados; porque sabe que sigue un camino solitario que no hace nada por el interés general sino que simlemente es probado y tentado. ¿Qué hizo por otra parte Abraham para lo general? ¡Permítaseme hablar de esto como hombre, con toda humanidad! Recibe luego de setenta años el hijo de la vejez. Ese bien que otros han obtenido muy pronto y para regocijarse durante largo tiempo, él lo esperó setenta años, y ¿por qué? Porque ha sido probado y tentado. ¡No es la locura!
Pero Abraham creyó, únicamente Sara sintió vacilar su fe, induciéndolo a tomar a Agar por concubina; pero por eso también tuvo que echarla. Recibe a Isaac, y de nuevo debe conocer la prueba. Conocía la belleza de expresar lo general, la alegría magnífica de vivir con Isaac. Mas no es ésa su misión. Sabía que sacrificar un hijo semejante al bien general es digno de un rey; en ello habría hallado reposo; y así como la vocal descansa en la consonante que la apoya, del mismo modo todos aquellos que lo celebraban habrían hallado reposo en su hazaña mas no es ésa su misión, ¡él es probado!" Hasta ahí. La cosa sigue. Temor y temblor, Problema II.