Hace poquitos días y ayer reconfirmé, mas miles de veces antes había lo mismo aprehendido, supe el verdadero nombre del malevo.
Antes de que los ojos se le hubieran puesto muy buenos, tenía los ojos de la forma en que los tenía.
Sólo el que los ha visto sabe de qué hablo.
Ver esos ojos en las personas que uno ama es la oración del Huerto.
Es él, pero no es él. Es ella, pero no es ella.
La clase magistral de amor es la Pasión. Inigualable. Imitable. Vivible. En la más austera soledad. En la soledad descrita en los Evangelios. El mismo Dios, dirigiéndose al mismo Dios, no halla a Dios.
lunes, 18 de julio de 2011
debí subir la semana pasada de debí mucho antes
Encontré una cuestión que no estaría mal que estuviera aquí y mucho menos mal estaría que la leyera aquél a quien fue dirigida aquella vez.
La escribo a continuación.
De mi carpeta “Subida al monte Carmelo” con fecha de 2/4/09
¿2009 ya? You know, I´m listening [¿to?] “November Rain”.
Perdón, cuando no me decido a escribir doy vueltas diciendo pavadas o pensando en el acotado vocabulario que tengo de otras lenguas. Hablando de eso, ahora estoy escuchando “A tout le monde”, las cuatro palabras en francés que sabe Dave Mustaine, de Megadeth.
Ya sabemos quién robó este escrito de mis afectos personales, y ¡Gloria a Dios por eso! Y a partir de los dos puntos te pido que le leas a mi amado con nombre de profeta: Bueno, ¿Por qué te escribo? Primero, que en ningún lugar dice que te escribo a vos, pero segundo, vos y yo sabemos que es a vos a quien me estoy dirigiendo. Te merecés varias hojas, o quizá horas de mi tiempo cara a cara, pero parece que no es el momento.
Como le digo a una santa amiga: “Si nos dejamos de ver el ombligo por un momento, quizá podamos entender a Dios, que nos habla”. La mayoría de las veces vemos a Dios, pero creemos que no es Él, por estar encerrados en nosotros mismos, buscándonos en nosotros mismos, porque no sabemos que sólo nos podemos encontrar realmente cuando salimos de nosotros mismos, como le dije a otro santo amigo: “No te escribo por vos, te escribo por mí”. Así como es muy difícil tener a la mujer que amás frente tuyo y no hacer ninguna manifestación física de afecto, así también es difícil estar ligado espiritualmente a alguien y no expresarlo humanamente de alguna manera.
Vos y yo conocemos alguna persona que, al ver tus ojos, sabe qué te está ocurriendo. Yo no veo con claridad casi nunca, pero siento, a veces, profundamente algunas cosas, y quizá sea especialmente sensible para aquellos que, de alguna manera hacen la Verdad (y dejo que entiendas “verdad” según te indique tu corazón).
Jamás escribí una letra a alguien sin creer, al menos por un momento, que esas letras, además de inútiles, eran molestas para quien tenía que leerlas (en este caso escucharlas), y esta no es la excepción, pero aún así me humillo y me expreso.
Despertaste en los últimos meses a una vida distinta, tu corazón adquirió (y no me preguntes por qué, porque no lo sé, o no me animo a creer que lo sé) una nueva apertura (que antes no tenía) a una nueva dimensión (que antes no conocía), y está mucho más que confundido. Ojalá alguien pudiera ayudarte en eso, pero la verdad que esto está en tus manos y va a depender solamente de vos y de la profundidad que le des a tu relación con Dios.
Yo te voy a decir algo. Se te va a mezclar todo, y encima estás en esa edad en que eso pasa casi lógicamente. Tu alma va a buscar algo casi con desesperación, pero te vas a engañar y lo vas a buscar en lo superficial. Te vas a equivocar, pero es parte del proceso. ¿Para qué mierda te lo digo si te vas a equivocar igual? Para que recuerdes lo más importante: siempre hay oportunidad de volver al Padre, y buscar bien. Dá un pasito más, no te quedes en lo superficial, navegá mar adentro. ¿Te sorprendés por los pescaditos que divisás en la costa? ¡No tenés idea de lo que hay mar adentro! Y ¡Ojalá que estando mar adentro Dios te invite también a sumergirte en las profundidades del océano del Espíritu!
Amén. Podés convertirte a los noventa y nueve años, es tu decisión, no sé si serás más o menos santo, no sé si serás más o menos feliz, la verdad es que no sé nada, y no tengo autoridad para recomendarte nada, pero estoy seguro de que la libertad está en tus manos, sos vos quien decide, y yo no soy un simple espectador, Dios lo dispuso así. Llegá hasta donde quieras, pero mejor aún, llegá hasta donde puedas. Podés quedarte en lo superficial, pero también podés navegar mar adentro. No digo más. Tus ojos muestran un corazón que busca mucho, y un corazón que busca mucho (y acá sí sé de qué estoy hablando) no es feliz si no tiene mucho, y tener mucho es no tener nada, sino amar todo,
La escribo a continuación.
De mi carpeta “Subida al monte Carmelo” con fecha de 2/4/09
¿2009 ya? You know, I´m listening [¿to?] “November Rain”.
Perdón, cuando no me decido a escribir doy vueltas diciendo pavadas o pensando en el acotado vocabulario que tengo de otras lenguas. Hablando de eso, ahora estoy escuchando “A tout le monde”, las cuatro palabras en francés que sabe Dave Mustaine, de Megadeth.
Ya sabemos quién robó este escrito de mis afectos personales, y ¡Gloria a Dios por eso! Y a partir de los dos puntos te pido que le leas a mi amado con nombre de profeta: Bueno, ¿Por qué te escribo? Primero, que en ningún lugar dice que te escribo a vos, pero segundo, vos y yo sabemos que es a vos a quien me estoy dirigiendo. Te merecés varias hojas, o quizá horas de mi tiempo cara a cara, pero parece que no es el momento.
Como le digo a una santa amiga: “Si nos dejamos de ver el ombligo por un momento, quizá podamos entender a Dios, que nos habla”. La mayoría de las veces vemos a Dios, pero creemos que no es Él, por estar encerrados en nosotros mismos, buscándonos en nosotros mismos, porque no sabemos que sólo nos podemos encontrar realmente cuando salimos de nosotros mismos, como le dije a otro santo amigo: “No te escribo por vos, te escribo por mí”. Así como es muy difícil tener a la mujer que amás frente tuyo y no hacer ninguna manifestación física de afecto, así también es difícil estar ligado espiritualmente a alguien y no expresarlo humanamente de alguna manera.
Vos y yo conocemos alguna persona que, al ver tus ojos, sabe qué te está ocurriendo. Yo no veo con claridad casi nunca, pero siento, a veces, profundamente algunas cosas, y quizá sea especialmente sensible para aquellos que, de alguna manera hacen la Verdad (y dejo que entiendas “verdad” según te indique tu corazón).
Jamás escribí una letra a alguien sin creer, al menos por un momento, que esas letras, además de inútiles, eran molestas para quien tenía que leerlas (en este caso escucharlas), y esta no es la excepción, pero aún así me humillo y me expreso.
Despertaste en los últimos meses a una vida distinta, tu corazón adquirió (y no me preguntes por qué, porque no lo sé, o no me animo a creer que lo sé) una nueva apertura (que antes no tenía) a una nueva dimensión (que antes no conocía), y está mucho más que confundido. Ojalá alguien pudiera ayudarte en eso, pero la verdad que esto está en tus manos y va a depender solamente de vos y de la profundidad que le des a tu relación con Dios.
Yo te voy a decir algo. Se te va a mezclar todo, y encima estás en esa edad en que eso pasa casi lógicamente. Tu alma va a buscar algo casi con desesperación, pero te vas a engañar y lo vas a buscar en lo superficial. Te vas a equivocar, pero es parte del proceso. ¿Para qué mierda te lo digo si te vas a equivocar igual? Para que recuerdes lo más importante: siempre hay oportunidad de volver al Padre, y buscar bien. Dá un pasito más, no te quedes en lo superficial, navegá mar adentro. ¿Te sorprendés por los pescaditos que divisás en la costa? ¡No tenés idea de lo que hay mar adentro! Y ¡Ojalá que estando mar adentro Dios te invite también a sumergirte en las profundidades del océano del Espíritu!
Amén. Podés convertirte a los noventa y nueve años, es tu decisión, no sé si serás más o menos santo, no sé si serás más o menos feliz, la verdad es que no sé nada, y no tengo autoridad para recomendarte nada, pero estoy seguro de que la libertad está en tus manos, sos vos quien decide, y yo no soy un simple espectador, Dios lo dispuso así. Llegá hasta donde quieras, pero mejor aún, llegá hasta donde puedas. Podés quedarte en lo superficial, pero también podés navegar mar adentro. No digo más. Tus ojos muestran un corazón que busca mucho, y un corazón que busca mucho (y acá sí sé de qué estoy hablando) no es feliz si no tiene mucho, y tener mucho es no tener nada, sino amar todo,
lunes, 11 de julio de 2011
Soy el dueño de la mano brava
Dioses del abismo guardarán mi marca.
En su segunda levantada se levantó expresivo este muchacho.
Levanten sus manos y alaben al que levanta al caído.
Levante es el acto del postrado.
En las muy raras cavilaciones filosóficas a las que uno se deja someter por estos días, el mismo no puede dejar de vivir en su carne el contínuo intento extático al que parece ser cuasi forzado al menos diariamente.
Muy necio tiene que ser el hombre que se a dejado llevar por el impulso ad-extra y no hace el salto fidéico del reconocimiento de su naturaleza como poseedora de un origen y destino más allá de lo que su absolutamente limitada capacidad consciente quiere mostrarle.
Como yo me ubico entre esa mierda de gente, me permito el vómito escrito de algunos párrafos que intenten patear mi rostro para movilizarme a la consciencia de lo que más allá de ella he experimentado incontables veces.
Feliz el que no entiende un carajo de lo que aquí está expresado pero que no necesita el acto consciente para complementar la descripta vivencia de la cual él mismo es sujeto privilegiado.
Renegando de la consciencia y atendiendo a quien verdaderamente lleva la posta, habrá que reconocer que el falso martirio del Facundo mueve en el sentido exaltado para que las piedras vuelvan a hablar. Será menos doloroso que hablen éstos.
En su segunda levantada se levantó expresivo este muchacho.
Levanten sus manos y alaben al que levanta al caído.
Levante es el acto del postrado.
En las muy raras cavilaciones filosóficas a las que uno se deja someter por estos días, el mismo no puede dejar de vivir en su carne el contínuo intento extático al que parece ser cuasi forzado al menos diariamente.
Muy necio tiene que ser el hombre que se a dejado llevar por el impulso ad-extra y no hace el salto fidéico del reconocimiento de su naturaleza como poseedora de un origen y destino más allá de lo que su absolutamente limitada capacidad consciente quiere mostrarle.
Como yo me ubico entre esa mierda de gente, me permito el vómito escrito de algunos párrafos que intenten patear mi rostro para movilizarme a la consciencia de lo que más allá de ella he experimentado incontables veces.
Feliz el que no entiende un carajo de lo que aquí está expresado pero que no necesita el acto consciente para complementar la descripta vivencia de la cual él mismo es sujeto privilegiado.
Renegando de la consciencia y atendiendo a quien verdaderamente lleva la posta, habrá que reconocer que el falso martirio del Facundo mueve en el sentido exaltado para que las piedras vuelvan a hablar. Será menos doloroso que hablen éstos.
Desde mis tinieblas se ve muy clara la luz
Cuando leés a los maestros, te sentís identificado.
No debés sentirte culpable por no ser uno de ellos.
Por eso no debés angustiarte por no entenderlos.
Por eso debés reconocerte un gran imbécil cuando te la das de que los entendiste.
Nadie niega que puedas ser uno de ellos, o incluso mucho más que ellos.
Cuando leés a un maestro te sentís interpelado.
Pero estás en un soberbio error si te la das de que el maestro lo escribió para vos.
Cuando estás ante un santo te parece que sos el mundo para él. Y realmente lo sos.
Estás en un soberbio error si creés que sos el mundo para él.
Cuando leés al gran maestro llegás a un punto en el cual tu saturación te pide "quit".
Ese punto es el pan de cada día del maestro.
En ese punto está la mayor simpleza que, de tan simple, parece no poder ser. Por eso "quit".
Sos lo único en el mundo para él. Sos todo en el mundo para él. Sos lo más para él. Así como también lo son todos y cada uno de los otros, a quienes el maestro ama infinitamente más que a su propia vida, su propia felicidad, su propio intento de plena realización, que el maestro sabe que sólo se dan todos estos en completud en la medida en que él mismo muere de la manera más viva.
La vida mayor que emana de él es una muerte a la que tu soberbio espíritu parece no poder acceder.
En el mismo orden de la simplicidad anteriormente mencionada. Tan simple. Tan accesible. Tan cerca, no importa cuan lejos. Puede ser demasiado para el corazón. Por siempre creyendo y confiando en quienes somos. Y ningún problema más. Y así todos.
No debés sentirte culpable por no ser uno de ellos.
Por eso no debés angustiarte por no entenderlos.
Por eso debés reconocerte un gran imbécil cuando te la das de que los entendiste.
Nadie niega que puedas ser uno de ellos, o incluso mucho más que ellos.
Cuando leés a un maestro te sentís interpelado.
Pero estás en un soberbio error si te la das de que el maestro lo escribió para vos.
Cuando estás ante un santo te parece que sos el mundo para él. Y realmente lo sos.
Estás en un soberbio error si creés que sos el mundo para él.
Cuando leés al gran maestro llegás a un punto en el cual tu saturación te pide "quit".
Ese punto es el pan de cada día del maestro.
En ese punto está la mayor simpleza que, de tan simple, parece no poder ser. Por eso "quit".
Sos lo único en el mundo para él. Sos todo en el mundo para él. Sos lo más para él. Así como también lo son todos y cada uno de los otros, a quienes el maestro ama infinitamente más que a su propia vida, su propia felicidad, su propio intento de plena realización, que el maestro sabe que sólo se dan todos estos en completud en la medida en que él mismo muere de la manera más viva.
La vida mayor que emana de él es una muerte a la que tu soberbio espíritu parece no poder acceder.
En el mismo orden de la simplicidad anteriormente mencionada. Tan simple. Tan accesible. Tan cerca, no importa cuan lejos. Puede ser demasiado para el corazón. Por siempre creyendo y confiando en quienes somos. Y ningún problema más. Y así todos.
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