Apareció en una pista de baile sin recuerdo previo.
Estaba sólo pero todos bailaban.
Era el único que estaba.
No bailó.
Ya era él.
El Diablo lo invitó a bailar.
Había bailado tantas veces con él.
¡Mierda, si se conocían!
Ambos se sabían casi todas las mañas.
Casi.
Pero esta vez no bailó.
Y los ángeles lloraron.
Lloraron tanto que lograron conmover su cuasi inconmovible corazón.
¡Cuasi inconmovible! ¡Si todos saben que no hay nadie más sensible que él!
Mas aún conmovido en sus entrañas, sabía que eran el rostro del mal.
"Padre de la mentira", que le dicen.
Sabía que no había que bailar.
Se acercó de todos modos.
Sabía que no debía hablarle.
Mas igual le habló.
Cara la paga.
"No bailamos, hermano fracasado"
Le habló.
Cara.
Tomó el rostro de los más amados.
Sabía que debía patearlo y escupirlo.
No lo hizo.
Pero no bailó.
Aunque sí le habló.
Cara.
Y ahora le está hablando.
Cara.
Pero Soren sabe bien qué viene después de él.
Y por eso sigue sembrando, profeta pobre, pero confiado en que Tú lo usas como humilde herramienta.