martes, 8 de noviembre de 2016

El pueblo lo pide

Y el pueblo soy yo.

sábado, 9 de julio de 2016

2 mil 16

El seductor no puede pasar sin seducir; es su karma. Ser seductor es su visible cicatriz, que le recuerda a cada instante que por joder mata. Tiene el insoportable castigo de ir por la vida llevando la salvación envuelta en muerte. Tiene la cruel e inacabable tortura de ser condenado a muerte por todos los que rechazaron la salvación. Tiene el regalo inconmensurable de sufrir espantosamente la injusticia para poder así vislumbrar una remota posibilidad de su propia salvación. El seductor debe agradecer porque sin su desgracia no tendría salvación, aún siendo el vehículo de la salvación de tantos. El seductor vino a morir. Su sola presencia provoca líquidos que él no sorberá. Vino a ser condenado injustamente, por sus cosas buenas, que no son suyas. Vino a que en él se condene a Jesucristo. Mientras que aquello por lo que sí debería ser condenado, jamás es notado. Vino a permitirle a Dios morir en él, viendo cómo él mismo no es castigado. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.