domingo, 15 de mayo de 2011

Felipe

Como siempre, las descripciones generales son absolutamente infalibles. Así como son absolutamente contrarias a lo que me sucede a mí.
Recién uno valora lo que tuvo cuando ya no lo tiene. Para confirmar lo contradictorio del ser humano y también su increíble imbecilidad, el que se da cuenta lo que tuvo, precisamente porque lo perdió, ya lo da por perdido; y sigue con su desperdiciada vida sin que se le cruce por su humanidad el intento de recuperación o, mucho más humano, resignificación de lo perdido.
Imbécil.
Cada año, para una determinada fecha, él se acordaba de mí. Mas este año no se acordó.
Imbécil.
Ante el cuadro de descripción de lo general, la opción contradictoria es la que marca con seguridad mi vivencia.
Si tu discernimiento acusa: "se olvidó", lo seguro es que yo siento más que nunca aquello que voluntaria o involuntariamente niego.
Para el discernidor apresurado, no estoy hablando únicamente de cuestiones de las últimas semanas.
El discernidor prudente sabe de mi patada trascendental y mi acierto universal.
Duras son estas palabras, ¿Quién puede oírlas? ¡Son tan pocos! Pero avanzamos sembrando por la noche, profetas pobres, pero confiados en que Tú nos usas como humildes herramientas.
Sören se desdobló, precisamente para fortalecer y unificar a Sören.
El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. Aunque legiones de ángeles estén a su lado. La soledad del que ama realmente es absolutamente inimaginable.