Cuando anduviste algún tiempo metido en el mar, tuviste la experiencia de las olas, su fuerza, su frecuencia, sus particularidades.
Sabés que hay una serie de olas, después algunas de tamaño mayor, después pequeñas, casi sin intensidad, y después algunas muy grandes.
Cuando estás metido un rato, ya entrás en su frecuencia, y sabés esperarlas.
No apures a la naturaleza. Dejala ser.
Me apuraron, entonces lo de hoy será necesariamente mediocre.
Pero el tema es sencillo.
Ya hablamos del discurso. De "yo", "mí", "mío", y todas las etcéteras.
Alguna vez hablamos también de la empatía. Si alguno llega a la misericordia, llegue nomás.
Aplicando esas dos nomás, sistemáticamente un tiempito, con un esfuerzo, que no será mínimo, y etcétera, quizá se logren aproximar a la luz.
El día que encuentre a alguien más pecador que yo, saldré en todas las noticias. Parece que aún no se ha dado esa situación.
Hoy no puedo escribir. Sólo puedo dejar los siguiente, sin dar explicaciones:
Muerte del yo. Donación total. Renuncia y entrega. Verdadero sufrimiento. Humillación. Persecusión. Denigración. Caída. Lágrimas. Sorpresa.
El que tenga oídos, que los use. Acuérdese antes de callarse la boca.
Mis teorías están todas metidas allá donde nadie las va a buscar.
Mi móvil es la experiencia.
No digo nada que no haya visto, oído, saboreado.
Y no invito a nadie a repetir nada de lo que yo sea. No lo recomiendo a nadie.
El que no vivió, no se atreva a opinar, porque quizá algún día viva. Yo sé lo que es esa situación. No le alcanzarán las lágrimas.
La única manera de vivir lo que vive el otro, es ser el otro. ¿Cómo se hace? Hay otras cosas por hacer antes. Cuando las hayas hecho (y dejado de ser), quizá seas.
A los HECHOS me remito entonces.
ResponderEliminar...