Segismundo. Sigmund. La vida no es sueño. Vos, si querés seguí haciéndote bien el pelotudo, pero la vida no es sueño. A ese lo mataste; a aquél lo querés matar. Pero está bien. Seguí para adelante. Matando y sufriendo llegarás a ver. Y serás rey. Son pobrecitos aquellos que te quieren evitar todo eso. Son pobrecitos porque ellos mismos quisieran ser vos, malditos fracasados, que tienen a Dios a su lado y, de cara a Él, te miran de reojo a vos envidiándote. Maldita lacra.
La sombra es propia de Segismundo. Porque, entre muchísimas otras cosas, va viendo muchas cosas, descubriendo cosas interesantes, pero siempre a la sombra de la Verdad. Claro, pero con tremenda sombra, qué se va a animar a mirar para ese lado. Siempre es mejor hacerse el que aquí no ha pasado nada y seguir con la triste esperanza de que esa sombra nunca deje de ser más que eso. Pobre imbécil. La sombra es siempre sombra de algo. Y a esta sombra algún día la vas a tener que enfrentar, aunque más no sea que para decirle el adiós eterno.
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