domingo, 28 de noviembre de 2010

Misae

Me has visto en Misa. Mucho más que una vez.
Has visto que veo aunque no siempre veas lo que veo.
Has visto que mi mirada es madia especial. No se es objetivo cuando se ama. Entonces la realidad no puede ser objetiva, porque Dios es Amor.
Me has visto ver y no has entendido, más bien no has creído en mi mirada; porque no podía ser que yo viera eso en aquél.
Hoy estuve en Misa como estaba en el colegio cuando era alumno, con la salvedad de que en la Misa estuve a la derecha, raro en mí, que en el colegio siempre estaba a la izquierda.
Hoy ví espaldas. Ví frentes. Ví miradas. Me han saludado y hubiera quebrado si no hubiera visto antes el rostro de Dios.
Crucé personas.
Me has oído decir haber visto santos.
Hoy ví varios, pero en un momento ví un santo. Me cruzó. Me saludó. Me dio la mano en el preciso instante en el que yo era Jesús. Y yo lo ví. Apreté su mano siendo Dios.
Ví otros santos también hoy. Fui feliz. Pero la felicidad no me bajó de mi deidad. Contemplación desde Dios Verdadero.
Y apreté la mano del santo que ahora era cuasi-hombre. Niño.
Pasa que fui Dios. Y Dios ve la obra realizada en toda su potencia. Sabe que el acto será permitido o no por cada quien. Hoy fui Dios viendo su obra terminada. Ese niño era cuasi-hombre, era más alto, se había cortado su cabello de niño; me recordó al santo Iván, santo recio si lo hay.
Pero no me olvido que yo era Dios. Yo ví la obra terminada. ¡Qué alegría experimentó mi corazón al descubrirme en esa situación y poder amarla en la Trinidad!
Duró su guerra lo que un pedo en el aire fue. Yo no soy Dios. Pero hace un rato lo fui.
Santo: te ví. te ví santo. Por una vez me diste una felicidad inigualable.
Mañana, con suerte, te veré vos, siendo yo, yo.
Por hoy te ví santo, siendo yo, Dios.

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